El cambio demográfico y un debate público cada vez más desinhibido sitúan en primer plano una cuestión fundamental: la sexualidad en la madurez. Durante décadas, el deseo erótico en la segunda mitad de la vida —en particular entre los 50 y los 70 años— se consideró un tema tabú o se despachó como irrelevante. Pero ¿cómo evoluciona el anhelo íntimo a medida que el cuerpo envejece dentro de una relación de largo recorrido?
La sexóloga y terapeuta suiza Marianne Brunner abordó esta disyuntiva en su tesis de máster: «El deseo sexual de parejas heterosexuales de entre 50 y 70 años en relaciones de larga duración» (Die sexuelle Lust heterosexueller Paare zwischen 50 und 70 Jahren in langjährigen Beziehungen). La investigación, desarrollada en el Instituto de Pedagogía y Terapia Sexual (ISP) de Zúrich y la Universidad de Merseburg, aporta valiosas claves sobre los factores terapéuticos y psicológicos que favorecen la conservación de la vitalidad erótica.
La evolución del deseo con los años
Los cambios fisiológicos asociados a la edad son ineludibles. En las mujeres, las variaciones hormonales de la menopausia suelen condicionar la respuesta genital; en los hombres, pueden presentarse fluctuaciones en la firmeza eréctil. Brunner demuestra con claridad que estos factores biológicos no implican necesariamente el ocaso de la gratificación sexual. Al contrario: madurar exige una adaptación creativa y una resignificación madura de la intimidad compartida.
El estudio señala premisas basales para evitar que la llama se extinga en las relaciones estables. Entre ellas destacan una buena salud general, un estilo de vida activo y el valor subjetivo que la pareja haya otorgado históricamente a la sexualidad. Asimismo, condicionantes biográficos como la socialización sexual temprana modelan de manera determinante la vivencia del placer en etapas posteriores.
Los tres pilares del deseo duradero
A partir del análisis bibliográfico y de entrevistas cualitativas en profundidad a parejas sexualmente activas en torno a los 70 años, Brunner identificó tres factores nucleares para nutrir la intimidad en vínculos prolongados:
- Vínculo afectivo y autorrevelación: Una profunda cercanía emocional y la seguridad de mostrarse vulnerable ante el compañero son insustituibles. La capacidad de verbalizar inquietudes, miedos y deseos eróticos constituye el cimiento primordial.
- Erotismo consciente: El erotismo no se desvanece por azar en la vejez; requiere cuidado deliberado. Integra la dimensión lúdica, sensorial y creativa del vínculo, aquella que genera tensión atractiva e interrumpe la monotonía cotidiana.
- Vivencia del placer: La percepción atenta y sin prisas del propio cuerpo y del cuerpo del otro. Se trasciende la sexualidad basada en el rendimiento o la genitalidad estricta para abrazar un disfrute consciente del momento presente.
La terapia sexual corporal como catalizador
Uno de los aspectos más sugerentes del trabajo de Brunner es la incorporación de enfoques terapéuticos con orientación corporal. La autora destaca tres modelos clínicos que ayudan a las parejas a resignificar su erotismo:
- El enfoque Sexual Crucible (El crisol sexual) de David Schnarch, centrado en la diferenciación psicológica y la autonomía emocional dentro del compromiso conyugal.
- El modelo Sexocorporel desarrollado por Jean-Yves Desjardins, que sitúa la respiración, el tono muscular y la conciencia corporal en el núcleo del funcionamiento erótico.
- La Focalización Sensorial (Sensate Focus, modelo de Hamburgo derivado de Masters y Johnson), que mediante ejercicios pautados de caricias reduce la ansiedad de ejecución y redescubre la sensibilidad táctil.
Estos enfoques clínicos corroboran que, cuando los guiones sexuales convencionales pierden eficacia con el paso de los años, existen recursos contrastados para inaugurar una intimidad más honda, pausada y reconfortante.
La perspectiva de LustLink
Las conclusiones de Marianne Brunner sintonizan plenamente con los principios de LustLink. La sexualidad no es un patrón inmutable que culmina a los veinte años para declinar de forma inexorable. Constituye un proceso de aprendizaje vitalicio, alimentado por la comunicación afectiva continuada y la complicidad mutua.
La necesidad de «autorrevelación» (Selbstöffnung) que Brunner sitúa como pilar básico es precisamente lo que nuestras funcionalidades facilitan a través del intercambio anónimo de preferencias y preguntas de reflexión compartida. Ya sea a los 25 o a los 65 años, la valentía de expresar con sinceridad lo que deseamos y atrevernos a experimentar juntos sigue siendo el motor indiscutible de una relación vital.
La investigación de Brunner constituye un esperanzador alegato a favor de que el deseo en la madurez no solo es posible, sino que alcanza una belleza y hondura insólitas.
Fuentes y enlaces de interés
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La tesis íntegra de Marianne Brunner está disponible en acceso abierto en el repositorio de la Universidad de Halle: og-preview
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Página web oficial de la autora Marianne Brunner: mariannebrunner.com
Investigación y borrador elaborados con asistencia de IA, revisados editorialmente.
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